Caminando sobre bellas mariposas muertas, el cuerpo se da cuenta de que la belleza que inspiraban esas mariposas era su alma, alma encarselada en sus bellas alas color naranja y negro. Su aleteo insesante, revoloteo danzante, era su belleza... Ahora estripada sobre el suelo, solo quedan sus patitas, sus alas inertes. De la belleza no se vive, de la belleza del alma nace la felicidad.